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Desarrollo rural ante los impactos del COVID-19


Julio Bedegué - Sub-Director General y Representante Regional para América Latina y el Caribe. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO.



La pandemia del COVID-19 ha mostrado tener un impacto no solo a nivel sanitario, sino a nivel económico y social siendo América Latina y el Caribe una región altamente afectada. Según las últimas estimaciones regionales de CEPAL, la contracción económica será una de las más devastadoras de la historia llegando a una caída promedio del Producto Interno Bruto (PIB) de 9,1% a fines de 2020. América Latina también sufrirá un grave retroceso en términos de la incidencia de la pobreza, agregando 28 millones de personas a la pobreza extrema y 45 millones de personas a la pobreza. Esta crisis impactará fuertemente en los niveles de bienestar, especialmente a nivel rural considerando sus altos niveles de pobreza y vulnerabilidad pre-existentes.


Si analizamos las proyecciones, 5.2 millones de habitantes rurales en la región podrían caer en la pobreza extrema y 4.2 millones en pobreza. Podemos proyectar un aumento del trabajo informal, que actualmente tiene a miles de trabajadores bajo medidas estacionales, con bajas remuneraciones y deficientes condiciones de empleo. De no mediar políticas ambiciosas y oportunas, enfrentamos un retroceso generacional en la lucha por erradicar la pobreza rural.

Estas cifras son proyecciones, no son hechos consumados o un destino manifiesto. Son, antes que nada, un llamado a la acción. Debemos esforzarnos en evitar que esas proyecciones se hagan realidad.


La protección social tiene el papel primordial en mitigar el efecto inmediato de la pandemia. La FAO propone expandir los programas de asistencia social con instrumentos flexibles, eficaces y eficientes que permitan a los hogares afectados proteger y reconstruir progresivamente sus medios de vida y asegurar el acceso a alimentos. Debemos evitar las estrategias negativas de supervivencia que comprometen el desarrollo futuro de estas comunidades, especialmente en grupos vulnerables como mujeres e indígenas, evitando la venta de activos esenciales, como el ganado de un pequeño productor, el horno de una mujer emprendedora con el cual fabrica el pan para vender, el telar con el cual se confeccionan artesanías etc. La CEPAL y la FAO han hecho una propuesta de establecer un “Bono contra el Hambre”, que sería suficiente para impedir las peores manifestaciones sociales de la pandemia.


Pensando en los efectos de mediano plazo, debemos construir hoy el conjunto de políticas públicas que aceleren la recuperación de nuestras economías, pero que además tengan una ambición transformadora. No se trata de recuperarnos y volver al status quo previo a la pandemia. Hacerlo sería estar preparándonos para volver a tropezar otra vez con la misma piedra: esta pandemia, este shock, no es ni el primero ni el último. Por eso, postulamos una recuperación con transformación.


Podemos aprovechar que la Década de la Agricultura Familiar (2019-2028) y la Década de la Restauración (2021-2030) coexistirán en el tiempo, para proponer en cada país políticas concretas de apoyo a la recuperación económica mediante la activación de la agricultura familiar (gran generadora de empleo y de multiplicadores económicos locales y territoriales), que a la vez contribuyan a la restauración de millones de hectáreas de paisajes y ecosistemas. Y viceversa. Hay aquí un enorme espacio para ganar en recuperación económica y ganar en sustentabilidad ambiental y en mitigación y resiliencia climática.


Es decir, desde la FAO proponemos que es posible impedir que decenas de millones de personas queden atrapadas por largos años en trampas de pobreza como consecuencia de la pandemia. Podemos hacerlo con una estrategia articulada con lógica territorial, basada en tres pilares: protección social, activación de la agricultura familiar, y restauración de paisajes y ecosistemas. Siempre es posible agregar otras dimensiones, como por ejemplo la inversión en infraestructura comunitaria en los territorios rurales socialmente más rezagados. Pero lo importante es actuar ya, con una lógica de recuperación con transformación.


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